Hoy, en ayunas, mientras disparaba la imaginación para elaborar unos micros, una mariposa blanca del tamaño de una mandarina golpeó con fuerza el cristal de la ventana. Al principio me asusté. Pensé que quería suicidarse. Luego la invité a pasar y revoloteó por el salón, posándose en el sofá, el bonsái, los cuadros y el Mazinguer Z. Bailamos. Me solté las coletas, me desnudé y dejé que me cazara. No sé el tiempo que permanecimos juntas, disfrutándonos, deseándonos, ni por qué eligió colarse en el único metro de sol que podía ofrecerle esta mañana… Lo cierto es que cuando decidió marcharse, ningún vecino cotilla espiaba mis temblores.
ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES
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*«… **El tiempo se desvanece y cada vocablo que escribo es un escalón más
para crear una obra en castellano que esté a la altura de su madre, el
lat...
Hace 8 horas
Genial, como siempre. Realmente precioso, huele a primavera.
ResponderEliminarJusto hoy pensaba en que hacía tiempo que no te leía. Bicos!
Ay que hermosura niña!!
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